Canarias
Cómo limpiar la casa después de una calima sin rayarlo todo
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La calima no deja polvo: deja arena. Partículas minerales finísimas que vienen del Sáhara, se meten por cualquier rendija y son abrasivas. Por eso lo que funciona con el polvo normal aquí no sirve: si barres en seco, la levantas; si frotas un cristal sin enjuagarlo antes, lo rayas. Este es el orden correcto para dejar la casa limpia sin estropear nada por el camino.
Por qué el polvo de la calima es distinto
El polvo doméstico normal es una mezcla blanda de fibras textiles, piel y pelusa. El de la calima es polvo mineral en suspensión: cuarzo y silicatos, con partículas que en su mayoría están por debajo de las 10 micras. Dos consecuencias prácticas:
- Es abrasivo. Arrastrar esas partículas contra un cristal, una vitrocerámica o un suelo pulido es literalmente lijarlos. Las marcas que salen no se van después.
- Se cuela por todas partes. Por las guías de las ventanas, por debajo de las puertas, por las rejillas de ventilación y por el filtro del aire acondicionado. Aunque tengas todo cerrado, entra.
- Tarda en posarse. Mientras el episodio dura, el aire sigue cargado. Lo que limpias hoy vuelve a estar igual mañana.
Cuándo empezar a limpiar
Cuando el episodio haya pasado, no durante. Limpiar a fondo con la calima todavía encima es tirar el tiempo y el producto: en cuanto abras para ventilar, vuelve a entrar. Lo sensato es esperar a que el aire aclare y dar dos o tres días para que lo que queda en suspensión termine de posarse.
Mientras dura, con esto basta: ventanas cerradas, un paño húmedo por las superficies que uses a diario y aspirar si el suelo cruje al pisarlo. Lo demás, para después.
Ventilar sí, pero con cabeza. Aunque haya calima hay que renovar el aire, sobre todo si hay alguien con asma o alergia en casa. Hazlo a primera hora de la mañana, unos minutos, y por la ventana que dé al lado contrario del viento.
El orden correcto, paso a paso
Siempre de arriba abajo y de dentro afuera. Si empiezas por el suelo, vas a tener que repetirlo.
1. Textiles y tapicerías
Cortinas, cojines, alfombras y sofás son esponjas de polvo. Sácalos a la terraza y sacúdelos antes de tocar nada más, o pásales el aspirador con el cabezal de tapicería. Las cortinas finas, directas a la lavadora en frío.
2. Superficies altas
Estanterías, marcos, lámparas y la parte de arriba de los armarios. Con paño de microfibra ligeramente húmedo, nunca en seco: el paño seco levanta la partícula en vez de atraparla. Enjuaga el paño a menudo, y no en el fregadero de la cocina si puedes evitarlo.
3. Ventanas, guías y persianas
Aquí es donde se estropean más cosas. El orden es:
- Aspira primero la guía inferior de la ventana y el cajón de la persiana, con el accesorio fino. Ahí se acumula la mayor parte de la arena.
- Enjuaga el cristal con agua abundante antes de pasar nada. La arena tiene que salir arrastrada, no frotada.
- Solo entonces, mojadora y goma. Si no tienes goma, microfibra limpia y húmeda.
- La persiana, lama a lama con paño húmedo. Bajarla y subirla con arena dentro raya las lamas y desgasta la cinta.
4. Suelos
Aspirar siempre antes de fregar. Si pasas la fregona directamente, conviertes la arena en barro y lo repartes. Después, friega con agua abundante y cambia el agua en cuanto la veas turbia: fregar con agua sucia es pasear la arena por el suelo.
En suelos delicados (microcemento, madera aceitada, terrazo pulido), producto neutro y mopa suave. Nada de estropajos ni de productos ácidos.
5. Terrazas y exteriores
Con manguera, de dentro hacia el desagüe, y comprueba que el sumidero queda despejado. Es el paso que más gente se salta y el que peor sale luego: si llueve con el sumidero tapado de arena, el agua entra en casa.
6. Filtros del aire acondicionado
Se saturan de polvo fino, el aparato pierde rendimiento y acaba soplando ese polvo dentro de casa. Sácalos, lávalos con agua templada y déjalos secar del todo antes de montarlos: húmedos crían moho.
Lo que no hay que hacer nunca
- Barrer en seco. Levantas la arena y se vuelve a posar en media hora. Y con escoba dura, rayas.
- Pasar el plumero. Reparte, no recoge.
- Frotar cristales sin enjuagar antes. Es la forma más rápida de dejar microrrayas permanentes en una ventana.
- Fregar sin aspirar. Barro repartido por toda la casa.
- Usar el mismo paño para todo. El paño cargado de arena se convierte en papel de lija. Cambia a menudo y enjuaga aún más.
Calima en comunidades y pisos turísticos
En un edificio, la calima se nota sobre todo en tres sitios: los patios de luces, la azotea y los sumideros. Después de un episodio fuerte conviene un repaso extra de esas tres zonas, aunque la frecuencia habitual del portal no cambie. Lo explicamos con más detalle en cada cuánto hay que limpiar el portal de una comunidad.
En pisos de alquiler vacacional el problema es otro: el huésped que entra justo después de una calima se encuentra el polvo en las superficies y la reseña la escribe igual. Si tienes entrada prevista en los días siguientes a un episodio, merece la pena un cambio reforzado con repaso de cristales y terraza.
Si la casa tiene mucha terraza, calcula el doble de tiempo. El exterior es lo que más arena acumula y lo que más agua necesita. Y si vives cerca del mar, la mezcla de arena y salitre se agarra de una manera que el agua sola no quita.